Pajarear en junio en el Paraje Natural Acantilados de Maro-Cerro Gordo
Un enclave excepcional para el avistamiento de aves
El mes de junio ofrece una oportunidad privilegiada para descubrir uno de los tramos costeros más singulares de Málaga desde una perspectiva ornitológica: el Paraje Natural de los Acantilados de Maro-Cerro Gordo. Aquí, la costa se quiebra en una sucesión de cortados abruptos y plataformas rocosas talladas en los materiales metamórficos que descienden desde la Sierra Almijara, creando un pasillo natural donde confluyen los vientos marinos, las corrientes térmicas y una notable diversidad de hábitats para las aves.
Sobre estas laderas escarpadas se despliegan pinares de pino carrasco que se alternan con matorrales mediterráneos, mientras que en las grietas más inaccesibles aparecen especies de distribución muy restringida, como el boj balear (Buxus balearica), o plantas ligadas a los roquedos litorales, entre ellas algunos endemismos amenazados como la siempreviva malagueña (Limonium malacitanum) o el romero blanco (Salvia granatensis). Esta vegetación, sobria pero resistente a la salinidad y la aridez, se adapta a un terreno fragmentado donde la roca es la verdadera protagonista.
Es precisamente esta mezcla de bosque cercano al mar, paredones de roca y litoral abierto lo que convierte al paraje en un enclave excepcional para las aves. En junio es posible detectar al escaso vencejo cafre, uno de los mayores atractivos ornitológicos de la zona. No menos sorprendentes son las rapaces rupícolas residentes, como el águila perdicera, que utiliza estos acantilados como área de campeo o el halcón peregrino, que aprovecha las repisas y cortados para la nidificación. Paseriformes propios de estos ambientes como el roquero solitario o la collalba negra animan los paredones con sus idas y venidas.
A estas se suma un variado conjunto de paseriformes de matorral y de pinar, cuya actividad vocal se intensifica en esta época del año, así como algunas aves marinas que patrullan la línea de costa en busca de alimento. Además, el estrechamiento natural del relieve y la orientación del litoral convierten a Maro-Cerro Gordo en un punto interesante para la migración costera, especialmente de aquellas especies que aprovechan el borde del mar para avanzar durante sus desplazamientos estacionales.
Con este mosaico de ambientes y una avifauna tan diversa, la ruta por los acantilados en junio se convierte en una experiencia ideal para quienes deseen combinar un paisaje litoral de gran fuerza natural con la observación de algunas de las aves más emblemáticas del Mediterráneo malagueño.
Otras especies que podremos detectar aquí: perdiz roja, paloma bravía, paloma torcaz, vencejo real, vencejo común, vencejo pálido, gaviota de Audouin, gaviota patiamarilla, charrán patinegro, pardela cenicienta mediterránea, pardela cenicienta atlántica, pardela balear, cormorán moñudo, garza real, culebrera europea, águila calzada, gavilán común, abubilla común, abejaruco europeo, cernícalo vulgar, arrendajo euroasiático, cuervo grande, carbonero garrapinos, herrerillo capuchino, herrerillo común, carbonero común, cogujada montesina, avión roquero, golondrina común, avión común occidental, golondrina dáurica occidental, mito común, curruca capirotada, curruca cabecinegra, curruca rabilarga, reyezuelo listado, agateador europeo, mirlo común, papamoscas gris, tarabilla europea, gorrión común, pinzón vulgar, verderón común, pardillo común, piquituerto común, jilguero europeo, serín verdecillo, escribano montesino y escribano soteño.
Cómo llegar
Para acceder a la zona de acantilados de Maro hemos de abandonar la autovía A-7 en la salida 929, la misma que conduce hacia la pedanía del mismo nombre y a la Cueva de Nerja. Desde allí, solo queda incorporarse a la antigua carretera N-340 y seguir hacia el este, ya que es este trazado litoral el que enlaza con los distintos accesos y miradores que permiten adentrarse en el paraje natural.
Recomendaciones
Durante los meses más cálidos, la zona de Maro-Cerro Gordo recibe una afluencia considerable de visitantes. Es habitual encontrar playas, calas y accesos muy concurridos, así como áreas de aparcamiento ocupadas por furgonetas camper. Conviene tener esto en cuenta a la hora de planificar la ruta, especialmente si se desea comenzar temprano o acceder a puntos concretos del litoral.
Además, el relieve abrupto y la ausencia de sombra en buena parte del recorrido hacen que la exposición al sol sea intensa. Se recomienda llevar abundante agua, protección solar y sombrero, así como evitar las horas centrales del día, cuando las temperaturas pueden elevarse con rapidez incluso junto al mar.
Por último, es importante circular con precaución por los senderos y miradores, que a menudo se estrechan o discurren junto a desniveles. Una planificación adecuada y un equipamiento básico permiten disfrutar del paraje con seguridad y en las mejores condiciones.
Descripción de la ruta
La primera parada propuesta en nuestro recorrido por el sector occidental del Paraje Natural de los Acantilados de Maro-Cerro Gordo es en el entorno de la torre de Maro. Tomaremos la pista que asciende hacia la torre de Maro y, tras dejar el vehículo en la primera explanada habilitada, caminaremos mientras el entorno se abre entre pinos carrascos dispersos que actúan como introducción al mosaico de hábitats que caracterizan este litoral abrupto. Ya en este primer tramo, los pinos acogen a especies forestales bien representadas en el paraje: carboneros comunes y garrapinos, herrerillos comunes y capuchinos. En los claros y laderas más soleadas aparecen también las primeras tarabillas y currucas cabecinegras, muy activas en plena época reproductora.
La torre de Maro, situada sobre un promontorio que domina el Mediterráneo, constituye un magnífico balcón hacia las aves marinas. En junio es frecuente ver sobrevolar el agua a la gaviota de Audouin o a la patiamarilla, y, con suerte, el vuelo más pausado de las pardelas cenicientas y baleares. Esta atalaya es además uno de los mejores puntos para detectar al escaso vencejo cafre, una de las joyas ornitológicas del paraje, a veces mezclado en este punto en grandes bandos de alimentación junto a otras especies de vencejo como el común o el pálido. En el acantilado, el avión roquero o el roquero solitario, se encuentran muy activos también en esta época del año.
Tras regresar al aparcamiento, la ruta continúa brevemente por la N-340 hasta el desvío hacia la playa del Molino de Papel. La pista desciende y, tras aparcar el coche, podemos acercarnos hacia el entorno del río de la Miel, donde la vegetación de ribera y el antiguo molino generan un ambiente más fresco y umbrío que contrasta con el calor creciente de las laderas abiertas de junio. Aquí se muestran especies propias de matorral y cauces fluviales: el cernícalo vulgar patrulla los cielos, mientras que en la vegetación del río se escuchan el ruiseñor bastardo, el chochín paleártico, el escribano soteño o el ruiseñor común.
Volveremos luego a la N-340 para continuar por ella unos 4 kilómetros hasta llegar a una rotonda desde la que parte la pista de acceso a la playa del Cañuelo. Habremos de dejar el coche en el aparcamiento que encontraremos y desde allí conviene que nos mantengamos atentos al cielo, ya que el entorno de las paredes orientales y las cumbres del cerro Caleta, que nos quedará al sur, es otro de los puntos óptimos para la observación del vencejo cafre. El sendero que de aquí parte atraviesa un tramo de pinar que se muestra plenamente activo en esta fase avanzada de la primavera. Papamoscas grises, reyezuelos listados, agateadores europeos, currucas capirotadas, mitos comunes, carboneros garrapinos y herrerillos capuchinos acompañan al caminante. A medida que se desciende y el mar se hace presente, el sonido de las gaviotas patiamarillas y de Audouin domina la franja litoral.
La última parada se sitúa ya en la provincia de Granada, en el mirador de Cerro Gordo. Para llegar a él hay que dejar atrás el acceso a Cantarriján y tomar el desvío señalizado antes del túnel. El transcurso por la carretera estrecha, bordeada de pinares, descubre vistas amplias hacia el litoral y culmina en una curva donde es posible estacionar y tomar el sendero hacia el mirador y la torre almenara. Este tramo elevado, que recorre parcialmente la cuerda del acantilado, brinda una perspectiva ideal para observar la collalba negra, el roquero solitario, el halcón peregrino y una destacada población de vencejo real, muy activos en sus colonias durante el mes de junio. También el vencejo cafre mantiene una presencia regular en este sector del acantilado.
El pinar que envuelve el sendero alberga una fauna forestal rica: agateadores europeos, piquituertos comunes, arrendajos euroasiáticos y picos picapinos se suceden conforme avanzamos. En la zona culminante del cerro, donde el matorral y los pastizales toman protagonismo, la cogujada montesina y el escribano montesino aparecen con facilidad. Y si levantamos la vista hacia las sierras que se alzan al norte, no será extraño descubrir la silueta del águila perdicera o el vuelo grave de los cuervos grandes, habituales en estas fechas y presentes a menudo a lo largo de toda la ruta.
Al final del recorrido, el conjunto de acantilados, pinares y cauces encajados revela la extraordinaria diversidad de aves que ocupa este paraje litoral en el mes de junio, un momento en que la actividad reproductora y la vitalidad del paisaje elevan aún más el valor natural del entorno.




