Pajarear en julio en el Paraje Natural Reales de Sierra Bermeja
Un mirador privilegiado para ver rapaces en movimiento como el halcón de Eleonora
Ascender a los Reales de Sierra Bermeja en pleno julio es adentrarse en un escenario natural único en la península: un macizo rojizo, áspero y brillante, nacido de las profundidades terrestres. Sus peridotitas (rocas ígneas que emergieron desde el manto) confieren al paisaje un carácter singular, teñido de tonos ocres y bermellones que cambian con la luz del verano. En torno a ellas prospera una vegetación excepcional, adaptada a suelos pobres en nutrientes y ricos en metales pesados: pinares de pino resinero retorcidos por el viento, matorrales densos de brezo y jaguarzo, y, en las umbrías, los afamados pinsapos de los Reales, que encuentran aquí uno de sus enclaves más meridionales y más insólitos del planeta. El contraste entre la geología extrema y esta vegetación tenaz convierte cada tramo de la ruta en una invitación a leer la historia profunda de la montaña.
En este entorno tan singular, el mes de julio ofrece una avifauna marcada por la mezcla de especies estrictamente montanas y visitantes estivales que encuentran en Sierra Bermeja un refugio fresco y lleno de recursos. El cielo despejado y los vientos que ascienden desde la costa convierten a los Reales en un mirador privilegiado para rapaces en movimiento, entre las que destaca, de manera excepcional, el halcón de Eleonora. Durante estas semanas veraniegas, algunos individuos se concentran en la zona para aprovechar la abundancia de insectos alados, un recurso trófico clave antes de iniciar su periplo reproductor hacia sus colonias insulares. Más discretos, aunque no menos interesantes, son los visitantes irregulares de los roquedos y bosques de altura: tanto el roquero rojo como el colirrojo real pueden criar en el paraje ciertos años, aprovechando la frescura relativa de las cumbres y la riqueza de insectos, mientras que en otros están ausentes, reflejando la sensibilidad de estas especies a las condiciones cambiantes de la montaña mediterránea, así como el hecho de que esta zona se encuentre en torno al límite meridional de la distribución de estas especies.
Así, la visita estival a los Reales de Sierra Bermeja combina la fuerza de un paisaje geológico sin igual con la oportunidad de observar aves que, en julio, encuentran aquí uno de los enclaves más singulares de la provincia para alimentarse, reproducirse o, simplemente, refugiarse del calor omnipresente del verano andaluz.
Otras aves que se pueden observar en la ruta son: perdiz roja, paloma torcaz, vencejo real, vencejo común, vencejo pálido, alimoche común, buitre leonado, culebrera europea, águila calzada, águila real, gavilán común, azor euroasiático, milano negro, abejaruco europeo, pico picapinos, pito ibérico, cernícalo vulgar, halcón peregrino, arrendajo euroasiático, cuervo grande, carbonero garrapinos, herrerillo capuchino, herrerillo común, carbonero común, alondra totovía, cogujada montesina, avión roquero, avión común occidental, mosquitero papialbo, mito común, curruca capirotada, curruca cabecinegra, curruca rabilarga, reyezuelo listado, trepador azul, agateador europeo, chochín paleártico, zorzal charlo, mirlo común, papamoscas gris, petirrojo europeo, colirrojo tizón, roquero solitario, tarabilla europea, collalba negra, pinzón vulgar, verderón común, pardillo común, piquituerto común, jilguero europeo, serín verdecillo, escribano montesino.
Cómo llegar
Buscaremos con nuestro navegador de confianza "Repetidor pico de Los Reales (1447m)", que nos llevará a un grupo de antenas en la cima del paraje natural, junto al pico de Los Reales. Cerca de la valla del repetidor, teniendo cuidado de no dificultar la circulación, podremos aparcar fuera de la carretera y comenzar nuestra ruta a pie.
Recomendaciones
El verano mediterráneo puede resultar realmente caluroso, y en parte de las zonas que planeamos visitar hay poca o ninguna sombra. Por esto, recomendamos evitar la visita durante las horas centrales del día, minimizando nuestra exposición al sol y haciéndolo siempre con protección solar, gorra o sombrero, y manteniéndonos bien hidratados. A pesar de esto, al ser una altitud moderadamente elevada, el viento puede soplar en las cumbres y bajar la sensación térmica notablemente, en particular a primeras horas de la mañana, por lo que conviene contar con capas de ropa que nos ayuden a adaptarnos mejor al cambio de temperaturas a lo largo del día.
No se trata de una zona con una especialmente alta afluencia de paseantes o turistas, aunque en fin de semana sí puede notarse una mayor presencia de estos, así como de ciclistas. Es por esto que recomendamos la visita en días entre semana.
Uno de los principales objetivos de la visita son los halcones de Eleonora, así como la migración posnupcial de rapaces que desde mediados de agosto puede haber sobre esta sierra. Para un mejor disfrute de estos objetivos, y para facilitar la identificación de especies que vuelen más lejanas sobre los bosques, puede resultar beneficioso contar con un telescopio además de con prismáticos, aunque no es imprescindible.
Aunque no son aves, no queremos dejar de mencionar el espectáculo natural que constituye la observación del amanecer o del atardecer desde el pico de Los Reales, por lo que recomendamos también hacer coincidir la visita con al menos uno de estos fenómenos.
Descripción de la ruta
Las indicaciones que damos para la llegada al punto de inicio nos dejarán casi en la propia cumbre del pico de los Reales, el más alto de sierra Bermeja. Junto al coche veremos ya algunos ejemplares de pinsapo emergiendo entre el matorral y ya desde aquí los reyezuelos listados y los carboneros garrapinos nos acompañarán con sus constantes reclamos, que probablemente oiremos durante toda la ruta.
Desde el entorno de donde aparcamos, cerca de la cancela que cierra el acceso a la antena, veremos que emerge un sendero junto a un cartel verde indicador de sendero con el título de Los Realillos. Tomaremos este sendero primero en dirección a una caseta blanca, atentos entre los arbustos ralos y rocas a la presencia de escribanos montesinos, que abundan en esta zona. Una vez en la caseta recomendamos primero tomar a la izquierda para realizar una primera observación desde el propio pico de los Reales, que nos da una espectacular panorámica sobre el valle del Genal y la costa del Estrecho al oeste y del Sol al este.
Desde aquí haremos un primer escaneo por las copas de las manchas de pinsapar que encontramos hacia el norte y hacia el noreste. Es sobre estas donde con cierta frecuencia los halcones de Eleonora se encuentran cazando insectos de buen tamaño, por lo que desde este punto tendremos algunas de las mejores oportunidades para encontrarlos. Del mismo modo, por la posición privilegiada que nos otorga este mirador, será uno de los mejores puntos de la ruta para seguir el flujo de rapaces y otras planeadoras, habitualmente del lado del valle del Genal. En cuanto a paseriformes, el ambiente rocoso que se encuentra en la cumbre crea un hábitat óptimo para el roquero solitario y, especialmente en su cara sur, podremos encontrar algunos años criando al roquero rojo.
De aquí podemos volver sobre nuestros pasos hacia la caseta y continuar el sendero de Los Realillos hacia el norte. Este sendero discurre entre algunas manchas de pinsapar y de pinar resinero, en el entorno de la cresta que, desde el pico de los Reales, se extiende hacia el norte. Inicialmente el sendero desciende hacia el pinar y pinsapar de los Reales, una mancha de bosque en cuyo borde es habitual encontrar alondra totovía y que, mientras la atravesamos por el sendero bien marcado, nos brindará nuevas oportunidades para aves forestales como el herrerillo capuchino, el agateador europeo o el trepador azul.
Seguiremos descendiendo a través de este bosque hasta emerger de él por su margen norte, asomándonos a una empinada ladera que cae al noroeste, mientras que el sendero discurre por la cresta, entre arbustos y herbazales en los que podremos encontrar currucas cabecinegras y, prestando atención, también alguna rabilarga. En estas zonas de pinsapar maduro encontramos varias parejas de pito ibérico que se dejarán oír bien y, con mucha suerte ver fugazmente.
El sendero continúa descendiendo ligeramente, siempre hacia el norte, mientras bordea un pequeño pico. Todavía entre el bosque, podremos seguir buscando otras especies propias de este ambiente, como el pico picapinos. Una vez terminamos de bordear este pequeño pico podemos desviarnos del sendero principal hacia la izquierda y observar desde la ladera que, desde este pico, se desploma hacia el oeste. Esta ladera abierta, con roquedos dispersos, nos permite buscar de nuevo especies rupícolas como la collalba negra, y el horizonte libre de obstáculos vuelve a ser un lugar idóneo para escanear de nuevo en busca de rapaces en paso o que crían aquí, como la culebrera europea, el águila calzada o, si la fortuna nos sonríe, el águila real. Más al norte queda el pinsapar de Los Realillos, lugar frecuentado también por los halcones de Eleonora y cuyo borde superior es fácil de observar desde este punto.
Para regresar al coche, podemos desandar el camino hecho, manteniendo nuestra mirada en el cielo en busca de las rapaces que quieran hacer acto de presencia. Una vez en la cima, recomendamos permanecer otro rato más en el entorno del pico escaneando en derredor mientras disfrutamos de las vistas antes de emprender nuestra vuelta al mundanal ruido desde esta isla de calma en las alturas.




