Pajarear en mayo en el Parque Nacional Sierra de las Nieves
Los Quejigales, cañada del Cuerno y puerto de los Pilones
Adentrarse en la Sierra de las Nieves en primavera es descubrir un mosaico de vida en plena efervescencia. El recorrido que asciende desde el área recreativa de Los Quejigales hasta el Puerto de los Pilones nos guía por un paisaje cambiante, donde el verdor de los pinares da paso al frescor de los pinsapares y, más arriba, al aire limpio y las amplias vistas de las cumbres. Mayo es un mes especialmente agradecido: los cantos de las aves acompañan el camino y las flores de piornos, jacintos y majuelos tiñen de color las laderas.
A lo largo de esta subida, la variedad de ambientes se refleja también en la avifauna. En los tramos más bajos, dominados por pinares y matorral, se dejan ver el trepador azul, la curruca carrasqueña occidental o el pinzón vulgar. Al internarnos en el bosque, los tonos verdes se hacen más profundos y el aire más fresco: aquí habitan el herrerillo capuchino, el pico picapinos o el reyezuelo listado. A medida que el sendero gana altura y los árboles se abren paso hacia los pastizales y roquedos, aparecen especies propias de zonas abiertas como el escribano montesino, la collalba gris o el roquero solitario.
Las montañas de la Sierra de las Nieves actúan como verdaderas islas frías en medio de un mar de clima más cálido. Su altitud permite que sobrevivan comunidades vegetales únicas, como los pinsapares, relictos de épocas más frías que encontraron aquí un refugio estable cuando el resto de su entorno se volvió más cálido. Estos abetos mediterráneos son testigos vivientes de la historia climática del sur peninsular y crean un microclima capaz de albergar especies que en otras zonas del sur de España solo aparecen en altitudes mayores o más al norte.
Este carácter de refugio climático no beneficia solo al pinsapo. Los piornales y pastizales de las cumbres son otro ejemplo de este efecto, y la comunidad de aves que allí habitan. A ello se suman los roquedos y cortados calizos, que sirven de posadero y lugar de caza para especies rupícolas como el colirrojo tizón o el avión roquero, y para grandes rapaces que cruzan el cielo, como el buitre leonado o el águila real.
La llegada al Puerto de los Pilones, con sus amplias panorámicas hacia el Torrecilla y las sierras cercanas, ofrece un final perfecto para esta ruta. Allí, entre pastizales y canchales, pueden observarse especies de altura como el bisbita campestre o el roquero rojo, completando así un itinerario que resume en pocas horas la extraordinaria diversidad de paisajes, climas y aves que hacen de la Sierra de las Nieves un lugar único.
Algunas otras aves que podemos encontrar por aquí son: perdiz roja, paloma torcaz, cuco común, chotacabras cuellirrojo, chotacabras europeo, vencejo real, vencejo común, vencejo pálido, culebrera europea, águila calzada, águila perdicera, gavilán común, azor euroasiático, autillo europeo, cárabo común, pito ibérico, cernícalo vulgar, halcón peregrino, alcaudón real, arrendajo euroasiático, chova piquirroja, cuervo grande, carbonero garrapinos, herrerillo común, carbonero común, alondra totovía, alondra común, cogujada montesina, zarcero políglota, avión común occidental, mosquitero papialbo, mosquitero común, mosquitero ibérico, mito común, curruca capirotada, curruca mirlona occidental, curruca cabecinegra, curruca zarcera, curruca tomillera, curruca rabilarga, agateador europeo, chochín paleártico, estornino negro, zorzal charlo, mirlo común, petirrojo europeo, colirrojo real, tarabilla europea, collalba rubia, collalba negra, gorrión chillón, lavandera cascadeña, picogordo común, verderón común, pardillo común, piquituerto común, jilguero europeo, serín verdecillo, escribano triguero, escribano soteño.
Cómo llegar
En nuestro navegador de confianza escribiremos ―Área Recreativa Quejigales‖, que nos llevará al área recreativa del mismo nombre y donde podremos aparcar. Desde aquí comenzaremos nuestra ruta a pie.
Recomendaciones
En mayo, la sierra muestra su mejor cara, pero el tiempo en la montaña puede ser cambiante: una jornada soleada puede transformarse rápidamente en un día ventoso o con nieblas pasajeras. Consultar la previsión meteorológica y prepararse para diferentes condiciones es siempre una buena idea.
El sendero es físicamente exigente, con tramos de pendiente continuada y firme irregular, por lo que conviene llevar calzado resistente, de buena sujeción y suela adherente. En las partes más altas, la exposición al sol y al viento es notable; se recomienda llevar gorra, protección solar y agua suficiente para todo el recorrido.
Para aprovecharla al máximo, es importante caminar con calma, mantener el silencio y detenerse con frecuencia para escuchar los cantos, especialmente durante las primeras horas del día, cuando la actividad es más intensa.
En relación a esto, cabe destacar que el área de Los Quejigales es un punto muy popular entre senderistas y montañeros. Si se busca una experiencia más tranquila, conviene evitar los fines de semana o, en su caso, comenzar temprano la jornada. Las últimas horas de la tarde también son un momento propicio para disfrutar del paisaje, la luz y la observación discreta de la avifauna que habita estas montañas.
Descripción de la ruta
El recorrido que parte del área recreativa de Los Quejigales es uno de los itinerarios más emblemáticos del Parque Nacional Sierra de las Nieves. En mayo, cuando la primavera alcanza su plenitud y el bosque resuena con cantos, esta ruta se convierte en un auténtico festival sonoro para el aficionado a las aves.
El área de terreno abierto que ofrece el aparcamiento, que actúa a modo de claro del bosque de pinos resineros que lo rodea, es un buen lugar para en esta época detectar a una de las joyas de este recorrido, el colirrojo real, que cría en huecos de árboles y en cajas nido en esta zona y caza en las zonas abiertas de matorral y bosque disperso. Aquí podremos verlo cantar desde alguna percha prominente y familiarizarnos con su canto, que tendremos oportunidad de encontrar durante todo el recorrido de la ruta.
Desde aquí, el camino comienza siguiendo entre pinares resineros de repoblación, con algún pino salgareño y silvestre mezclados. Estos dan cobijo a especies forestales que también nos acompañarán durante la mayor parte del recorrido. Entre ellos, el pinzón vulgar destaca desde la partida por su abundancia. Continuamos paralelos al arroyo de Quejigales por el camino de Ronda hacia el este y franqueamos una cadena que impide el paso a vehículos no autorizados. Seguiremos este carril hasta encontrarnos con un puente a la derecha donde está indicada la cañada del Cuerno. En este punto, a la izquierda, conviene prestar atención a un grupo más denso de árboles rodeados por una valla y, dentro, un abrevadero que actúa como punto de atracción de aves. Los trepadores azules y los escribanos soteños son aquí abundantes.
Una vez atravesamos el arroyo por el citado puente, se hace la subida más empinada y el bosque más denso. A partir de aquí comienza nuestro ascenso hacia la cañada del Cuerno, una de las vaguadas más bellas del parque nacional. En este primer tramo, el pinar denso cuenta con un rico sotobosque de majuelos, escaramujos y madreselvas. En los árboles, los páridos como el carbonero garrapinos cobran relevancia, mientras que en este matorral es donde con más frecuencia se detecta el mosquitero ibérico en este recorrido, compartiendo protagonismo con la curruca carrasqueña occidental.
Llegaremos con este camino hasta una zona abierta en la que termina el pinar y nos encontramos con la base de las paredes calizas sobre las que se levanta el macizo de Quejigales. En esta zona abierta en la que predominan arbustos de gran porte, es uno de los lugares en los que más fácilmente podremos oír a la curruca mirlona occidental en este recorrido, y el chochín paleártico alcanza aquí una densidad de población verdaderamente notable.
Poniendo atención a dónde pisamos durante este ascenso entre rocas, conviene aprovechar el tramo de cielo abierto para detectar rapaces como el águila calzada o los buitres leonados planeando sobre nuestras cabezas.
Pronto nos encontraremos ya entre el pinsapar, bosque que enmarcará la ruta durante el resto del ascenso. Es un bosque muy heterogéneo, con zonas más abiertas y zonas más arbustivas, y pinsapos de distintas alturas. Esto promueve que la comunidad de aves sea extraordinariamente rica, desde el agateador europeo y el pito ibérico como trepadores de la corteza hasta el gavilán como buceador del dosel arbóreo, pasando por los petirrojos y las currucas capirotadas en el estrato arbustivo y los herrerillos capuchinos y los reyezuelos listados como pájaros de las copas de los árboles.
Tras un exigente ascenso, salimos a una zona más abierta, en la que cobra relevancia el piornal y los arbustos de mayor porte se hacen más dispersos. Aquí, en las zonas de roca expuesta aparecen ya los colirrojos tizones y roqueros solitarios, y entre los piornos las primeras collalbas grises, que nos acompañarán hasta llegar al carril que asciende hasta la caseta de vigilancia de incendios y por el que descenderemos.
Antes, no obstante, ascenderemos por él hasta el puerto de los Pilones, donde el piornal abierto se encuentra con el quejigal de montaña, y conviven especies de pastizales como el bisbita campestre con especies de bosque como la alondra totovía. Si queremos completar nuestra lista de aves reproductoras escasas en la provincia, podemos subir hasta el entorno de la mencionada caseta, donde alguna pareja de alondra común cría en los pastizales, mientras que los matorrales son ocupados por currucas tomilleras.
Ya en la bajada por el cómodo y ancho carril discurriremos entre promontorios rocosos que son bastión del roquero rojo y el gorrión chillón, para luego atravesar el pinsapar desde la curva de los 1500 (así llamada por encontrarse en torno a esta cota de altitud) y el pinar del llano del Médico, donde nos rodearán de nuevo especies forestales y de matorral como el chochín paliártico o el zarcero políglota.
Por este carril desembocaremos, tras franquear una cadena que impide permanentemente el acceso a vehículos no autorizados, en aquel que utilizamos para llegar hasta el aparcamiento del cortijo de Quejigales. Por él llegaremos a cerrar el círculo de nuestra ruta por uno de los ambientes más peculiares de la geografía malagueña a través de una comunidad de aves única que conviene proteger.




