Pajarear en abril en el Tajo de la Madera
Situado en el Arco Calizo Central en Villanueva del Rosario
La provincia de Málaga, una de las más montañosas de España, reúne ambientes rocosos muy distintos gracias a la diversidad geológica que atesora. Uno de los sustratos destacados es el calizo, contando con el Arco Calizo Central, una cadena de sierras que divide la provincia en dos, extendiéndose desde la sierra Tejeda al este, en el límite con Granada, hasta el valle del Guadalhorce al oeste.
Una parte integral de este complejo la forman las sierras del Jobo y Camarolos, en cuya cara norte, en torno al límite meridional del término municipal de Villanueva del Rosario encontramos el área general del Hondonero, desde el tajo de la Madera hasta los Altos de Hondonero.
Estas sierras presentan una predominancia de vegetación arbustiva típica de áreas de media montaña, con mucha presencia de majuelo, retama y arce. En el estrato arbóreo, existe gran abundancia de encina y quejigo, con pinar de repoblación y algo de cultivo tradicional de olivo. Durante la época de reproducción, cuando en este caso recomendamos la visita de este espacio, encontramos una notable diversidad de pequeñas aves, que encuentran en estos hábitats mediterráneos su hogar. Las currucas mirlonas y carrasqueñas, los zarceros políglotas y los mosquiteros ibéricos se mezclan con los roqueros solitarios, los rabilargos ibéricos o piquituertos.
Algunas otras aves que podemos encontrar por aquí son: paloma torcaz, paloma bravía, vencejo común, buitre leonado, culebrera europea, águila calzada, águila real, águila perdicera, gavilán, autillo europeo, cárabo común, pico picapinos, cernícalo vulgar, halcón peregrino, alcaudón común, arrendajo euroasiático, chova piquirroja, cuervo grande, carbonero garrapinos, herrerillo capuchino, herrerillo común, carbonero común, cogujada montesina, avión roquero, golondrina común, avión común occidental, mosquitero papialbo, mito común, curruca capirotada, curruca cabecinegra, reyezuelo listado, trepador azul, agateador europeo, chochín paleártico, estornino negro, zorzal charlo, mirlo común, papamoscas gris, petirrojo europeo, ruiseñor común, colirrojo tizón, tarabilla europea, gorrión chillón, pinzón vulgar, picogordo común, verderón común, pardillo común, jilguero europeo, serín verdecillo, escribano triguero, escribano montesino y escribano soteño.
Cómo llegar
Introduciremos "Parque Fuente Vieja, Villanueva del Rosario" en el buscador de nuestro navegador de confianza. Una vez aquí, seguiremos las indicaciones hacia "Dehesa de Hondonero, mirador del Alto de Hondonero y observatorio de aves", que nos llevarán hacia el sur por una calle que sale del pueblo en dirección a la sierra. Tras una empinada cuesta llegaremos a la ermita de la Virgen del Rosario, en la que pondremos nuestro cuentakilómetros a 0. Desde aquí, tomaremos la desviación a la izquierda, siguiendo las mismas indicaciones de dehesa de Hondonero. Tras pasar entre olivares tradicionales atravesaremos un pinar y, a la salida de este, habremos llegado a un llano donde, cuando el cuentakilómetros marque los 2,1 km, veremos una desviación a la derecha. La tomaremos y aparcaremos el coche en la zona habilitada a tal fin que encontramos a la izquierda de este carril.
Recomendaciones
Las temperaturas y climatología en esta época pueden ser muy variables, más aún en la montaña. Conviene, por tanto, ser previsores y conocer el pronóstico para el momento de nuestra visita. Además del frío y la lluvia, conviene no perder de vista la predicción de viento, que puede ser notable en esta zona.
La ruta no implica grandes tramos caminando, pero el sustrato que podemos encontrar puede no ser el más sencillo, por lo que recomendamos el uso de un calzado acorde, con suela de agarre y que nos sujete bien el tobillo.
Esta ruta, en la que nos centraremos en detectar paseriformes en la espesura del matorral y el bosque, se beneficia de la tranquilidad y el silencio. Esta zona es de visita habitual para caminantes, corredores, escaladores, e incluso ciclistas y motoristas, por lo que, si queremos sosiego, conviene evitar realizarla en fines de semana y, en cualquier caso, es mejor llegar lo más temprano posible, aunque las últimas horas de la tarde también pueden ser muy gratificantes.
Descripción de la ruta
Comenzaremos en el aparcamiento mencionado nuestra ruta, entre el matorral de majuelo, endrino y escaramujo y las dehesas de encina. Es esta vegetación la que encontraremos en gran parte del recorrido. Ya desde que nos bajemos del coche entre los árboles y los arbustos encontraremos mosquiteros papialbos y algún escribano soteño cantando o buscando alimento entre las hierbas del suelo.
Desde aquí podemos divisar el imponente Tajo de la Madera, una gran pared caliza, hacia el que avanza un carril de tierra flanqueado por la ya citada vegetación, además de gayombas, aulagas y algún viejo quejigo. Caminando por él podremos observar al pequeño reyezuelo listado buscando alimento por entre el follaje y emitiendo su agudo y penetrante canto. A medida que avanzamos y ascendemos, el carril se ve más y más envuelto en el mencionado matorral espinoso. No será raro oír el acelerado y rasgado canto del zarcero políglota, que adora este hábitat, a veces emitiéndolo desde lo alto de un arbusto. Más difícil de observar es la curruca carrasqueña occidental, que suele permanecer escondida entre el ramaje mientras canta, aunque con paciencia podremos llegar a observarla moviéndose entre estos mismos arbustos, compartiéndolos a veces con su congénere la curruca cabecinegra.
Tras varias curvas, la vista se nos abre hacia el norte en dirección a unos llanos con una pequeña dehesa entre las lindes de espinar. Si prestamos atención en su dirección es posible oír el canto de la curruca mirlona occidental, con cuidado de no confundirlo con unas notas aisladas de mirlo, a veces pudiendo encontrarla emitiéndolo desde lo alto de una de las carrascas. Ya aquí nos encontraremos muy cerca de la pared del tajo de la Madera, donde podremos encontrarnos con bandos de chovas piquirrojas, o incluso algún halcón peregrino rondando los riscos. En las rocas es habitual ver roquero solitario y en la zona crían aviones roqueros.
Terminando el ascenso por el carril llegaremos al pinar. El denso sotobosque que nos encontramos da cobijo al chochín paleártico y su extraordinariamente sonoro canto. Es en esta transición de hábitats donde se encuentra una de las joyas del recorrido, el mosquitero ibérico, al que probablemente detectaremos por su canto o por su reclamo entre los arbustos mientras busca alimento. Aquí, además, tendremos la oportunidad de encontrar a todas las especies de páridos de la provincia: los carboneros común y garrapinos y los herrerillos común y capuchino, que se añaden al agateador europeo y al trepador azul como especies forestales típicas de este interesante pinar.
El regreso al vehículo podemos hacerlo volviendo sobre nuestros pasos, mientras prestamos atención al cielo en busca de otras rapaces más escasas, como el águila real o la perdicera, o algunos buitres leonados usando las crestas de la sierra como autopista para su eterna búsqueda de carroña. Si la hacemos campo a través, por los olivares tradicionales, no será raro toparse con algún grupo de los elegantes rabilargos ibéricos, que oiremos antes de ver, al igual que los arrendajos euroasiáticos en el bosque.
Aunque aquí concluye nuestra ruta recomendada del mes, se puede extender añadiendo una visita al mirador del Alto de Hondonero si continuamos ascendiendo el carril que nos subió desde Villanueva del Rosario.




