Esta web utiliza cookies propias y de terceros para recopilar información que ayuda a optimizar la visita, aunque en ningún caso se utilizan para recoger información de carácter personal.

Más información Política de cookies

Octubre frente al mar: la migración de las aves pelágicas en Málaga

Noticias


Octubre frente al mar: la migración de las aves pelágicas en Málaga

Pardelas, alcatraces, págalos, gaviotas, charranes y otras aves marinas usan el corredor Mediterráneo-Atlántico

Mientras muchas aves terrestres ya han completado su viaje otoñal, sobre el mar de Alborán continúa otro movimiento migratorio, menos visible pero igualmente espectacular. Octubre y parte de noviembre son los meses ideales para mirar al horizonte desde la costa malagueña: pardelas, alcatraces, págalos, gaviotas, charranes y otras aves marinas utilizan este corredor entre el Mediterráneo y el Atlántico.

Un corredor marino entre dos mares

La provincia de Málaga ocupa una posición privilegiada en el extremo occidental del mar de Alborán, a las puertas del Estrecho de Gibraltar. Para numerosas aves marinas, el Alborán no es un espacio aislado sino una vía de tránsito entre dos grandes dominios oceánicos. Algunas especies salen del Mediterráneo tras reproducirse; otras regresan desde el Atlántico; y otras se concentran temporalmente para alimentarse en aguas productivas de la plataforma, frentes y zonas de convergencia.

El término “aves pelágicas” se utiliza para especies que pasan gran parte de su ciclo vital en mar abierto y dependen poco de tierra firme fuera de la reproducción. Pardelas, paíños y págalos son ejemplos característicos. En la práctica, una jornada de observación marina desde Málaga reúne además especies costeras o neríticas —alcatraces, cormoranes, gaviotas y charranes—, por lo que resulta más útil hablar de observación de aves marinas en sentido amplio.

¿Por qué octubre?

Octubre coincide con una fase de recambio muy marcada. Las especies estivales y reproductoras mediterráneas están abandonando la cuenca, mientras aumentan los visitantes e invernantes de procedencia atlántica y septentrional. El resultado es una mezcla especialmente interesante: todavía pueden pasar pardelas cenicientas mediterráneas camino del Estrecho, mientras se hacen cada vez más visibles alcatraces atlánticos, págalos y, conforme avanza la estación otoñal, alcas y otras aves propias del periodo frío.

Para Calonectris diomedea, octubre y noviembre no son meses marginales: forman parte del corazón de la migración postnupcial. La literatura sitúa el paso por Gibraltar entre mediados de octubre y finales de noviembre, con numerosos estudios que concentran las fechas de cruce entre finales de octubre y la primera mitad de noviembre. Por eso, durante los primeros días y semanas del mes todavía es posible detectar un movimiento decidido hacia poniente. A finales de noviembre la especie se hace mucho más escasa en el Mediterráneo occidental, aunque pueden quedar individuos retrasados.

Hay además diferencias de edad y procedencia. Los juveniles pueden mostrar rutas menos directas y calendarios menos sincronizados que los adultos. En consecuencia, una observación tardía no debe interpretarse automáticamente como anomalía, pero sí conviene documentarla con fecha, hora, dirección de vuelo, número de ejemplares y, siempre que sea posible, fotografías.

Dónde mirar en la costa malagueña

No hace falta embarcarse para iniciarse en la observación de aves marinas. Un cabo, espigón, paseo marítimo elevado o puerto con horizonte despejado puede funcionar como observatorio. En la provincia resultan especialmente interesantes los sectores con amplia visibilidad sobre la bahía y el mar abierto. El puerto de Benalmádena es un excelente punto para observar aves marinas durante la migración, incluidas pardelas cenicientas y baleares.

La bahía de Málaga constituye además un área marina de importancia ornitológica reconocida. La ZEPA marina Bahía de Málaga-Cerro Gordo se extiende desde la desembocadura del Guadalhorce hacia el este hasta el límite con Granada. Aunque su designación destaca especialmente las concentraciones invernales de gaviota cabecinegra y el uso por la pardela balear, el conjunto de la bahía forma parte de un corredor y zona de alimentación de gran interés para la observación de aves marinas.

Hacia el oeste, los paseos y cabos entre Benalmádena, Fuengirola, Marbella y Estepona ofrecen también horizonte abierto y permiten seguir movimientos paralelos a la costa. Hacia el este, los sectores de Málaga capital, Rincón de la Victoria, Vélez-Málaga, Torrox y Nerja permiten prospectar la entrada occidental del mar de Alborán y sus movimientos hacia el Estrecho. Más que buscar un único “punto mágico”, conviene elegir lugares seguros, elevados y con un campo visual de 180 grados sobre el mar.

Cómo observar: método sencillo y eficaz

La herramienta decisiva es el telescopio terrestre. Los prismáticos permiten localizar aves próximas y seguir grupos, pero muchas pardelas pasan a varios kilómetros de la costa y sólo el telescopio permite valorar estructura, patrón alar y dirección de vuelo. Un aumento moderado —por ejemplo, 20–40×— suele ser más útil que aumentos extremos, porque ofrece un campo de visión mayor y facilita encontrar aves en movimiento.

Conviene instalarse durante al menos una hora y realizar barridos sistemáticos. Una técnica eficaz consiste en escoger una franja de horizonte y recorrerla lentamente de este a oeste y de oeste a este, alternando distancias. Cuando aparece un flujo claro, puede fijarse el telescopio sobre una referencia del horizonte y contar las aves que cruzan ese campo durante intervalos de 10 o 15 minutos. Anotar hora, especie, número, dirección, distancia aproximada y condiciones meteorológicas transforma una salida recreativa en información naturalística útil.

Las primeras horas de la mañana suelen ofrecer mejor visibilidad atmosférica, aunque el paso de aves marinas puede mantenerse durante todo el día. Los días con viento pueden ser especialmente productivos porque modifican la trayectoria y la distancia a costa de las aves. En general, vientos de componente marítima o situaciones de temporal pueden acercar aves pelágicas a tierra, pero la respuesta depende de la especie, intensidad y dirección exacta del viento. Nunca debe sacrificarse la seguridad por buscar mejores observaciones en espigones o acantilados expuestos.

La pardela cenicienta en el paso otoñal malagueño

En otoño, una pardela cenicienta que progresa hacia poniente frente a Málaga participa, con gran probabilidad, en el movimiento que terminará conduciéndola al Estrecho y al Atlántico, constituyendo el mar de Alborán la última gran etapa mediterránea. Los datos de seguimiento muestran que las poblaciones del Mediterráneo central y oriental convergen hacia el oeste y que el paso por Gibraltar se concentra en pocas semanas.

Existe, sin embargo, una particularidad esencial para interpretar lo que vemos desde Málaga: el corredor principal de la pardela cenicienta mediterránea durante la salida otoñal discurre en buena medida por el sector meridional del mar de Alborán, próximo al norte de África. Los conteos de Ceuta muestran la magnitud de ese embudo, con máximos extraordinarios a finales de octubre y comienzos de noviembre. Por ello, la costa malagueña puede ofrecer buenas jornadas, pero no cabe esperar las densidades observadas en el lado africano del Estrecho.

Este patrón hace que la meteorología sea especialmente relevante. Desplazamientos del flujo, frentes, vientos y disponibilidad de alimento pueden acercar o alejar las aves de la costa. Un día aparentemente vacío puede ir seguido de otro con un paso constante. La paciencia y la repetición de censos desde el mismo punto son, por tanto, la mejor forma de comprender la fenología local.

Qué otras especies buscar en octubre

La pardela balear (Calonectris mauretanicus) es una de las protagonistas del litoral malagueño. La bahía de Málaga es una zona de parada, alimentación y descanso durante sus desplazamientos, y la especie puede ser frecuente en otoño e invierno. Es más pequeña y compacta, con un contraste inferior menos limpio y vuelo con secuencias de batidos y planeos más rápido.

El alcatraz atlántico (Morus bassanus) aumenta claramente su presencia en otoño e invierno. Adultos blancos con puntas alares negras y jóvenes pardos pueden pasar en ambas direcciones o detenerse a pescar, ofreciendo sus espectaculares picados. Los págalos —sobre todo el págalo grande y, en paso, el págalo parásito o el pomarino— merecen atención cuando persiguen gaviotas y charranes para robarles alimento. Conforme avanza el otoño también pueden aparecer alcas, negrones y, de forma mucho más irregular, otras especies pelágicas.

Gaviotas y charranes completan el panorama. La gaviota cabecinegra alcanza concentraciones importantes en la bahía durante el invierno; la sombría y la reidora se hacen muy comunes, mientras la patiamarilla permanece todo el año. Charranes patinegros pueden observarse pescando cerca de costa. En cualquier concentración conviene revisar con calma: la diversidad marina suele revelarse cuando se deja de mirar “la bandada” y se empiezan a mirar sus individuos.

Una propuesta de jornada de observación

Para una salida de noviembre puede elegirse un punto costero seguro con buena visibilidad —por ejemplo, el entorno portuario de Benalmádena o cualquier cabo y paseo elevado con horizonte limpio— y comenzar poco después del amanecer. Durante los primeros 15 minutos conviene registrar viento, nubosidad, estado del mar y visibilidad. Después se realizan periodos de censo de 10–15 minutos, separados por descansos breves, anotando todos los movimientos de aves marinas.

En el caso de las pardelas cenicientas interesa registrar especialmente la dirección. Un flujo sostenido hacia el oeste es coherente con la migración postnupcial hacia Gibraltar. También conviene fotografiar los ejemplares más próximos, no sólo por razones estéticas: una secuencia nítida de la parte inferior del ala puede permitir revisar después si existen caracteres suficientes para separar C. diomedea de C. borealis.

La regla más útil es aceptar la incertidumbre. En un grupo lejano de Calonectris no siempre será posible identificar todos los individuos a nivel de especie. Anotar “Calonectris sp.” o “C. borealis/diomedea” cuando corresponde no empobrece el dato(;), al contrario, lo hace más fiable. La observación de aves marinas exige precisamente esa combinación de paciencia, experiencia y prudencia.

Octubre, un mes para mirar hacia poniente

La migración marina es uno de los grandes fenómenos naturales de Málaga y, al mismo tiempo, uno de los menos percibidos desde tierra. En octubre, mientras el paisaje terrestre entra ya en su fase invernal, sobre el horizonte continúa la salida de las pardelas cenicientas mediterráneas. Cada silueta que avanza hacia el oeste forma parte de un viaje que conecta colonias dispersas por el Mediterráneo con aguas atlánticas situadas a miles de kilómetros. Basta un telescopio, un lugar seguro y tiempo para descubrir que el mar, aparentemente vacío, está atravesado por rutas invisibles.