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El vencejo cafre (Apus caffer), escaso y enigmático

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El vencejo cafre (Apus caffer), escaso y enigmático

Ave del mes de junio

Escaso y enigmático, el vencejo cafre es una de las aves más emblemáticas de entre las especialidades orníticas del sur de España. En vuelo permanente y a menudo entremezclado en bandos con otras especies de vencejos e hirundínidos, encontrarlo en el cielo exige paciencia y buen ojo. Su escasez y particularidad ecológica lo hacen uno de los objetivos más preciados por el observador de aves.

Identificación engañosa

Distinguir al vencejo cafre que vuela alimentándose junto a un gran bando de vencejos sobre nuestras cabezas puede resultar un reto exasperante para el observador falto de experiencia. Su rasgo más distintivo es el obispillo blanco, que lo separa del resto de vencejos ibéricos (salvo del moro), pero esta característica es solo visible desde arriba o de perfil, cuando el ave gira en vuelo. Desgraciadamente, la inmensa mayoría de nuestras observaciones de estos bandos es desde abajo, posición que puede a menudo esconder el obispillo.

Aparte de este rasgo, podremos fijarnos en su forma y la coloración de otras zonas: el vencejo cafre muestra una mancha blanca extensa y bien delimitada en la garganta, que en su caso sube en dos lenguas blanquecinas a lo largo de las cejas, “canosas”. Su estructura es bastante similar a las de los vencejos común y pálido, aunque es ligeramente más compacto de alas y suele colocarlas en un ángulo sutilmente cerrado hacia abajo cuando planea. La cola sí puede ayudarnos en gran medida, ya que está fuertemente ahorquillada, bastante más profundamente que la de los otros vencejos oscuros y acercándose a la longitud de la de las golondrinas. Aunque fuera de los alrededores del nido suele ser silencioso, el reclamo lo distingue fácilmente de sus parientes: una nota áspera y breve muy diferente a los chillidos agudos y chirriantes de los vencejos pálido y común.

Un reproductor quisquilloso

Prefieren asentarse en zonas onduladas de vegetación mediterránea cerca de cursos de agua o embalses, siempre y cuando tengan a su disposición estructuras de cemento o piedra como puentes, viaductos, túneles, etc. en los que nidifique la golondrina dáurica (Cecropis daurica), cuyos nidos remodela y utiliza para la cría. Tal es su dependencia reproductiva de esta especie, que los primeros datos de cría en Andalucía se produjeron pocos años después de establecerse la golondrina dáurica como reproductora, también originalmente restringida a África, y va extendiendo su área de reproducción hacia el norte también siguiendo la expansión de esta especie.

El Vencejo Cafre reutiliza los nidos de esta golondrina, que o bien encuentra vacíos de otras temporadas de cría, o bien desaloja a base de ataques continuados a los propietarios. Una vez reclamado el nido, le añade una capa de plumas blancas que caputra en vuelo y que apelmaza con saliva. Se genera así un anillo de plumas blancas característico en la entrada del nido que nos permitirá reconocer que el nido de barro, semiesférico y con entrada tubular, que estamos viendo está en uso o lo ha estado por vencejo cafre.

Colonización exitosa

El área de distribución histórica principal del vencejo cafre se encuentra en África al sur del Sáhara. Desde la década de los 60 del siglo pasado se comprobó su reproducción en el sur de España y en Marruecos. En las últimas décadas esta especie ha ido ocupando progresivamente la península ibérica y ya incluso se ha comprobado su reproducción en Francia, en la isla de Córcega.

Se trata de una especie fuertemente migradora en nuestra región, y se ha comprobado mediante el uso de geolocalizadores que los vencejos cafres de nuestras poblaciones pasan el invierno en el África occidental al sur del Sáhara, en el entorno del golfo de Guinea.  A España llega de vuelta desde el mes de mayo y parte para sus zonas de invernada entre finales de agosto y octubre.

Malagueño escurridizo

En la provincia de Málaga es una especie poco conocida, con escasos registros comprobados de cría, pero se estima que está presente en más áreas de las que se conocen a ciencia cierta. La dificultad de comprobar la reproducción de esta especie reside en que, o bien nidifica aislado, o bien lo hace en colonias muy laxas, con distancias mínimas de 25 metros de media entre sus nidos, por lo que no están concentrados o son prominentes como otras especies de vencejos que forman colonias verdaderamente densas. Su reproducción a menudo en valles encajonados, alejados de poblaciones humanas, hace su detección aún más difícil.

Así, se conoce su reproducción en el Paraje Natural Acantilados de Maro-Cerro Gordo y alrededores, donde anualmente se encuentran varias parejas en la época de reproducción. En el occidente provincial, en el valle de los ríos Genal y Guadiaro es también conocida su presencia y se sospecha su cría. En el valle del Guadalhorce y afluentes de este también se ha observado esta especie en época de cría, por ejemplo en el entorno del municipio de Ardales. La observación de ejemplares alimentándose junto al río Genil en el norte provincial también hace pensar en la posibilidad de su reproducción en esta zona.