Pajarear en agosto en la Cueva del Gato y el valle del Guadiaro
Esta zona de aguas limpias y de caudal rápido son el hábitat óptimo para muchas avea
A los pies de la Sierra de Líbar, en el sector occidental del Parque Natural Sierra de Grazalema, el paraje de la Cueva del Gato se abre como una de las mejores demostraciones de cómo la geología es capaz de moldear un paisaje y, con él, la vida que lo habita. Aquí aflora, casi sin transición, el corazón kárstico de estas sierras calizas: un entramado subterráneo de galerías y salas esculpidas durante milenios por la paciente labor del agua. El río Guadares se adentra en el macizo por la Sima del Hundidero y reaparece bruscamente, 10 km después, en la Cueva del Gato, dando lugar a un manantial de aguas frías y cristalinas que alimenta la cuenca del Guadiaro. Esta dinámica hidrológica, tan característica de los paisajes calcáreos, confiere al entorno un frescor notable que, en pleno agosto, convierte la zona en un refugio privilegiado frente al calor predominante.
El clima mediterráneo de la región, seco y caluroso en verano, queda suavizado aquí por la presencia del agua y por la sombra proyectada por los paredones calizos. Esto permite que persista una notable vegetación de ribera en torno al manantial y al río con álamos, fresnos y sauces en contraste con los matorrales de lentisco, retama y sabina que cubren las laderas pedregosas y el lapiaz que rodea la cavidad.
Este mosaico de ambientes hace especialmente interesante la visita en agosto, cuando la actividad de muchas aves se concentra en los alrededores del agua y en las primeras horas del día. Esta zona de aguas limpias y de caudal rápido son el hábitat óptimo para el mirlo acuático europeo, que encuentra aquí uno de sus más conocidos bastiones de la provincia. En la vegetación cercana a la boca de la cueva es frecuente escuchar al ruiseñor bastardo o ver cruzar a la oropéndola, mientras que en los roquedos cercanos se dejan observar el roquero solitario, el avión roquero o el colirrojo tizón, además de la increíble colonia de vencejo real que se alberga en la cueva. En los cielos despejados del valle no faltan los buitres leonados, que patrullan los cortados del Guadiaro, y en los matorrales abiertos aparecen el escribano soteño o la curruca cabecinegra.
Así, la ruta por los alrededores de la Cueva del Gato ofrece en verano un pequeño oasis natural donde geología, agua y vida se combinan para brindar una experiencia refrescante y rica en observaciones, incluso en el mes más caluroso del año.
Algunas otras especies de las que podremos disfrutar son: ánade azulón, paloma bravía, paloma torcaz, vencejo común, vencejo pálido, gallineta común, garza real, culebrera europea, águila calzada, águila perdicera, gavilán común, abejaruco europeo, martín pescador común, pico picapinos, cernícalo vulgar, arrendajo euroasiático, chova piquirroja, cuervo grande, herrerillo común, carbonero común, golondrina común, avión común occidental, golondrina dáurica occidental, mito común, curruca capirotada, reyezuelo listado, agateador europeo, chochín paleártico, estornino negro, mirlo común, papamoscas gris, petirrojo europeo, ruiseñor común, tarabilla europea, gorrión común, lavandera cascadeña, lavandera blanca, pinzón vulgar, verderón común, pardillo común, jilguero europeo, serín verdecillo, escribano triguero.
Cómo llegar
En nuestro navegador de confianza podemos teclear "Parking Cueva de Gato", que nos lleva al aparcamiento situado en la carretera MA-7401 entre Ronda y Benaoján. Aunque se trata de un aparcamiento de pago, solo cuesta 1€ y no presenta límite de tiempo. La carencia de sitios alternativos para dejar el vehículo hace que este lugar sea la opción idónea para hacerlo y llevar a cabo nuestra ruta a pie.
Recomendaciones
Este paraje, por su encanto, su frescor y la posibilidad de bañarse en aguas frías y cristalinas, atrae a multitud de visitantes, incluso locales. Los meses de verano, calurosos y en los que muchas personas están de vacaciones, son especialmente problemáticos a este respecto, aún más durante el fin de semana. Por todo esto, recomendamos realizar la ruta un día entre semana y lo más temprano posible. Este último detalle, dadas las altas temperaturas que pueden alcanzarse durante el resto del día, es también beneficioso para encontrar una mayor actividad de las aves, que pueden entrar en letargo a las horas de más calor.
Si, además de pajarear, queremos aprovechar para refrescarnos en las heladas aguas del manantial y el río, conviene no olvidar traje de baño y sandalias o escarpines para poder caminar entre los cantos rodados.
Aunque manida, no debemos olvidar la recomendación de mantenerse hidratados, llevar gorra o sombrero, permanecer el mayor tiempo posible a la sombra, usar protección solar y evitar las horas centrales del día.
Descripción de la ruta
Tras dejar el coche en una de las explanadas de aparcamiento, comenzaremos un descenso por una empinada cuesta de cemento y asfalto. Desde aquí tendremos una visión privilegiada de las paredes rocosas y el valle del río, con vistas amplias al cielo abierto en todas direcciones. Así, mientras descendemos, podremos ver los primeros buitres leonados junto a las crestas calizas o cruzando el valle en busca de alimento y, quizás, con suerte, algún águila perdicera patrullando el territorio. Sobre todo a las horas más tempranas o las más tardías del día, la colonia de vencejos reales se encuentra en plena ebullición, con numerosos individuos volando en grupo y reclamando, creando un espectáculo difícil de igualar.
Al llegar a la base del carril, junto a la entrada de un hotel, encontraremos que sale un sendero hacia nuestra derecha en dirección a una caseta de madera, hacia donde pondremos rumbo. Una vez franqueada la cancela junto a la caseta tendremos acceso al cauce del río y al puente que lo cruza. Recomendamos situarnos en el puente, usándolo a modo de observatorio. Aquí, en pleno valle del río Guadiaro ya, la vegetación de ribera predomina, y así su avifauna destaca. El aflautado canto de la oropéndola desde las copas de los chopos nos advertirá de la presencia de este dorado habitante del bosque ripario y podremos intentar buscarlo. Por su parte, el ruiseñor común, que habitualmente canta desde las partes bajas de densos arbustos, aunque ubicuo, no será nada fácil de localizar, como tampoco lo será el ruiseñor bastardo.
Una vez cruzado el río, el sendero nos llevará a pasar bajo un puente donde algunos años construye su nido la golondrina dáurica occidental, y los densos arbustos y zarzas cobijan a currucas capirotadas y chochines paleárticos. Es esta zona, con rocas expuestas y cauce rápido y más bien somero, y la gran poza que encontraremos al continuar el sendero más allá del puente, donde mayores probabilidades tendremos de encontrarnos con el mirlo acuático europeo, quizá cazando invertebrados en las movidas aguas.
La poza que nos encontramos a continuación, bajo la cascada del manantial de la cueva del Gato, es frecuentada por la lavandera cascadeña. En el cielo, los aviones roqueros y comunes y los vencejos reales, todos criando en la boca de la cueva y otras partes de la pared rocosa, proyectarán a menudo su sombra sobre las aguas. Debemos estar atentos a sombras mayores, como las de la culebrera europea o el águila calzada, que encuentran por aquí zonas habituales de reproducción.
Aquí volveremos sobre nuestros pasos y cruzaremos de nuevo el río, siempre atentos al zafiro con alas que es el martín pescador común, así como a nuevas oportunidades de observar al mirlo acuático. Una vez al otro lado podemos continuar nuestra ruta junto al río en dirección a la estación e Benaoján, aguas abajo. Este sendero nos llevará entre la vegetación de ribera y pequeñas huertas, pudiendo proporcionar oportunidades para observar especies forestales como el mito común, el agateador europeo o el reyezuelo listado, y otras más propias de matorrales como el papamoscas gris, el escribano soteño o la tarabilla europea. Los grandes árboles, además, son idóneos para la presencia del pico picapinos y encontrar de nuevo a la oropéndola europea, mientras que en el río, junto a lavanderas blancas y cascadeñas, mantendremos nuestro ojo avizor en busca del mirlo acuático.
La vuelta al vehículo la realizaremos en cualquier caso deshaciendo el camino y terminando con la subida de la cuesta para una última visión panorámica de este encantador rincón de la Serranía de Ronda.




