La migración nocturna de los zorzales
Tiene lugar desde finales de octubre y durante todo el mes de noviembre
La migración
La migración de aves es un fenómeno estacional y que se repite cada año, en el que poblaciones enteras se desplazan para alternar sus cuarteles estivales de cría con sus cuarteles de invernada. Es la falta de recursos alimenticios y no el frío, como a menudo se cree, lo que impulsa a esta clase de animales a cubrir miles de kilómetros en un breve espacio de tiempo. Un importante porcentaje de todas las especies de aves del mundo realizan algún tipo de migración a lo largo de su vida aunque existen numerosas estrategias para las distintas circunstancias y capacidades de un grupo tan variado. Una de las estrategias más extendidas entre los paseriformes del Paleártico occidental es la migración pre-sahariana o de corta distancia, según la cual muchas especies que se reproducen por toda Europa se desplazan a latitudes más meridionales, generalmente en torno al mar Mediterráneo. Este movimiento migratorio post-nupcial tiene lugar sobre todo en otoño (de ahí el nombre de paso otoñal), algo más tarde que el paso de migrantes tran-saharianos o de larga distancia, y el pre-nupcial o primaveral a principios de la primavera. Dentro de esta categoría de paseriformes migrantes de corta distancia encontramos grupos de especies que la llevan a cabo durante el día, como es el caso de las alondras, los pinzones o las lavanderas y otro grupo de especies que son migrantes nocturnos, como las currucas, petirrojos, mosquiteros y zorzales.
La migración nocturna
Aunque la migración nocturna de paseriformes migradores ha sido y sigue siendo estudiada por investigadores en todo el mundo mediante el anillamiento científico, rádar, GPS, etc., carece de la visibilidad y vistosidad de la migración de las aves planeadoras que, además de ser especies de tamaño considerable, llevan a cabo sus desplazamientos migratorios durante el día y concentran sus flujos migratorios en torno a puntos muy concretos y bien conocidos como el Estrecho de Gibraltar, para así evitar volar sobre masas de agua donde no se producen térmicas. Esto atrae a un gran número de investigadores y aficionados a la ornitología y a la mera observación de aves por su espectacularidad e interés.
En cambio, la migración de las aves nocturnas, aunque virtualmente invisible, resulta mucho más ubicua, surcando el espacio aéreo de campos y ciudades por igual. Existen para ello diversos métodos para acceder y cuantificar la migración nocturna o, al menos, para detectarla y poder identificar muchas de las especies que la llevan a cabo. La observación lunar, por ejemplo, sólo precisa de un telescopio y noches de luna llena sin nubes para poder detectar la presencia de pequeñas y medianas aves en migración activa. Enfocando con el telescopio al disco lunar durante las primeras horas de la noche se pueden ver pequeños puntos cruzándolo, pudiéndose distinguir en numerosas ocasiones la silueta y forma de aletear, e incluso, la especie aproximada. Mediante unas sencillas técnicas se puede calcular el tamaño y la orientación de cada ave detectada y, más importante aún, se puede obtener una aproximación matemática a la abundancia del flujo migratorio durante ese periodo de conteo.
La migración nocturna de los zorzales
Desde finales de octubre y durante todo el mes de noviembre, la migración nocturna de varias especies de zorzales pude llegar a ser particularmente notable. Es en estas fechas cuando su flujo migratorio alcanza su máxima abundancia y cuando más especies de zorzales coinciden en dicho paso migratorio. Aunque la cantidad de estas aves varía mucho de un año al siguiente, en cualquier noche de noviembre es posible detectar y reconocer los reclamos de zorzales comunes, alirrojos, mirlos capiblancos e incluso zorzales reales. Es el reclamo del alirrojo sin duda el más conspicuo, reconocible y, a menudo, también el más frecuente de estas especies. Por supuesto, es necesario conocer previamente estos reclamos para poder reconocerlos. Existen para ello numerosas fuentes de información con las que se pueden reproducir los reclamos nocturnos en vuelo de estas especies y familiarizarse así con ellos.
Facilita mucho la tarea de detectar esta migración invisible situarse en zonas elevadas, alejadas del ruido de los núcleos urbanos para poder oír estos discretos reclamos. No es necesario para esta actividad contar con prismáticos, telescopios o cámaras fotográficas aunque es posible grabar estos reclamos con grabadoras de alta gama. Asimismo, las primeras y últimas horas de la noche son las más adecuadas para esta actividad ya que son las que concentran la mayor actividad migratoria a menor altitud sobre el terreno.




