El Parque Nacional Sierra de las Nieves y los Chotacabras
Aves de tamaño similar al de un cernícalo, aunque en la forma recuerdan a un gran vencejo
Un clima muy particular y la variedad de ecosistemas de este Parque Nacional de reciente creación, hacen que albergue gran variedad biológica. En el mundo de las aves, destacan algunas especies que difícilmente se pueden observar en otro lugar de la provincia de Málaga. El colirrojo real tiene aquí el único enclave reproductor conocido. Algo parecido ocurre con las collalbas grises y las alondras comunes, aves en las que su ambiente idóneo se da en las grandes alturas. Durante el invierno, visitantes del norte como el zorzal real pueden ser observados algunos años.
La composición de la avifauna es bien conocida por los habituales observadores de aves de este entorno y ha dado lugar a publicaciones divulgativas que pueden ser consultadas si se desea profundizar un poco en el listado de las aves que se pueden observar en la Sierra de la Nieves. Pero hay un grupo de especies que se resiste a la observación, y solo se muestra a aquellos que las buscan expresamente, porque necesitan un esfuerzo extra para su localización: las aves nocturnas. Cárabo, autillo y mochuelo son rapaces nocturnas muy conocidas y fáciles de detectar en la época adecuada, porque vocalizan con mucha frecuencia y sus cantos son bastante conocidos por los paisanos. Pero un caso distinto son los chotacabras, los grandes desconocidos para el gran público.
Los chotacabras de la provincia de Málaga
Los chotacabras son aves de tamaño similar al de un cernícalo, aunque en la forma recuerdan a un gran vencejo, cabeza muy grande con un pico tan corto que apenas se ve y grandes ojos, que frecuentemente mantienen semi cerrados cuando los observamos, probablemente porque la linterna o los faros del coche que nos permiten su observación, los deslumbran. Las patas son tan cortas que no suelen verse, por lo que cuando están posados dan la impresión de descansar directamente sobre el suelo. Su coloración es mimética, una combinación de gris y pardo con parecido a la corteza de los árboles y la hojarasca seca del suelo, lo que les hace pasar desapercibidos cuando descansan y cuando están incubando en su nido.
Ya sea un rato después de la puesta de sol o antes de amanecer, pero aún con algo de luz, con un poco de suerte podremos observar la evolución de estas aves. Su vuelo es silencioso y quebrado, maniobrando para capturar a sus presas, siempre insectos voladores. Su silueta entonces tiene cierto parecido con algunos pequeños halcones, como el alcotán, aunque a diferencia de estos, el vuelo del chotacabras es suave y laxo, sin profundizar mucho en los batidos de las alas.
Durante los meses de verano, pero principalmente en mayo y junio, no es difícil escuchar el canto de estas aves, muy distinto entre ellas, lo que no permite confusión. Hay otra manifestación acústica que nos puede ayudar a detectar su presencia en ausencia de canto, pero es breve y no es frecuente escucharla: el choque de las alas. En vuelo de cortejo y territorial, los machos realizan una exhibición que, aunque no sea visible, deja un rastro sonoro en forma de “aplauso” en vuelo. Las aves entrechocan las alas por debajo con el resultado de que se escuchan tres o cuatro golpes que vienen desde arriba.
Los dos chotacabras malagueños
En Europa, y también en Málaga, se pueden ver dos especies de chotacabras: el chotacabras cuellirrojo (Caprimulgus ruficollis) y el chotacabras europeo (Caprimulgus europaeus). Estas aves, en migración, se pueden ver prácticamente en cualquier lugar, pero sus zonas de reproducción son más restringidas. El cuellirrojo está ampliamente distribuido en la provincia de Málaga, donde evita bosques densos y parece muy escaso en algunas zonas, probablemente por la intensidad y frecuencia de vientos nocturnos, factor muy desfavorable para estas aves. El europeo, en cambio, es más escaso y hasta donde se conoce actualmente, solo se reproduce en la Sierra de las Nieves y algún punto de su entorno.
Esto convierte a la Sierra de las Nieves en un lugar privilegiado para observar a las dos especies en una misma salida al campo.
Cuellirrojo y europeo coinciden en bastantes puntos de la sierra, pero la impresión general es que, a mayor altitud y densidad de bosque, domina el europeo, como es previsible a causa de su ambiente idóneo. Mientras que el cuellirrojo frecuenta espacios abiertos y mixtos, el europeo es mucho más forestal. El primero suele descansar directamente en el suelo, mientras que el segundo lo hace en ramas gruesas de los árboles, donde se posa con la misma orientación que la rama para hacerse menos visible.
El canto del chotacabras cuellirrojo es una larga sucesión de notas disilábicas, que suenan algo así como “kotok-kotok-kotok…” En cambio, el del europeo es una serie larga y continua de una especie de “rrrrrrrrrrrrrrrrr” que a tramos puede subir y bajar de tono. Este sonido tiene una secuencia similar a la de un grillo cebollero (género Gryllotalpa), aunque con otro timbre. También puede recordar a un motor lejano a ralentí. Hay un reclamo que emite este chotacabras que nos puede ayudar en ausencia de canto, y es una especie de “¿Cuic-Cuic?” con tono de interrogación.
Aunque en aves el mejor momento para la detección suele ser la época de reproducción, a causa de los cantos frecuentes, en el caso de los chotacabras la observación directa parece más fácil al final del verano, durante el mes de septiembre y principio de octubre. En esta época se han incorporado a la naturaleza multitud de aves jóvenes, a las que se añaden las que han iniciado ya la migración. Transitando por un carril, ya sea andando o en coche, no es raro que nos encontremos con una de estas aves posadas en el suelo. Si vamos con un frontal, lo primero que los delatará será el brillo rojo de sus ojos. Si viajamos en coche, pueden dejar acercarse bastante, por lo que conviene llevar a mano los prismáticos para poder verlos a placer. Diferenciar las dos especies requiere cierta práctica. Pero en general tenemos que saber que el chotacabras cuellirrojo es pardo claro, color arena en esas circunstancias de observación. En cambio, el europeo se ve como un ave oscura, muy contrastada con el sustrato donde está posado. El tamaño también ayuda porque el cuellirrojo es un ave notoriamente mayor que el europeo, pero con la salvedad de que los juveniles de ambas especies son más pequeños que los adultos. Un europeo joven es realmente diminuto. Si cuando emprenden el vuelo podemos ver algunos detalles del plumaje, la ausencia de manchas blancas en alas y cola delatan sin duda a un europeo, porque este rasgo es típico de las hembras y juveniles de esta especie.
La observación de los chotacabras en el Parque Nacional
Recorridos adecuados para observar a estas especies son el carril que va desde el Centro de Visitantes Conejeras (Parauta), próximo a inaugurar, hasta el Área Recreativa de Quejigales (Ronda). También el carril que sube al Puerto de los Pilones, que es exclusivamente peatonal para visitantes. Entrando por El Burgo, desde la Fuensanta hasta Los Sauces, la zona no parece buena para estas especies, que si están presentes lo serán en una densidad muy baja. Distintas prospecciones en fechas y horarios adecuados no han arrojado observaciones ni escucha de estas aves. Hay zonas insuficientemente exploradas que podrían albergar chotacabras: La Fuenfría, el Cordel de Ronda, los accesos desde Tolox…
Si vamos andando es importante hacerlo en silencio. Además, un ruido excesivo de nuestras pisadas al andar provoca que la distancia de huida de estas aves aumente considerablemente. De lo contrario, pueden dejarse acercar bastante.
Las noches de vientose muestran muy poco activos y además no vocalizan, por lo que no son adecuadas para intentar observarlos.
Ya desde el mes de agosto se aprecia un incremento de aves que nos indica que algo se mueve y pueden verse algunos chotacabras hasta el principio de noviembre, a lo que quizá ayuda la latitud de nuestra provincia. Los chotacabras migran hacia los cuarteles de invierno, situados en el tercio sur del continente africano, y no será hasta la primavera, en el mes de abril normalmente (algunos adelantados hay en la segunda quincena de marzo), cuando comience el retorno de estas aves que se prolonga también durante el mes de mayo.




